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ASESINATO DE UN PELUCHE
JUANJO JIMÉNEZ A un señor que iba vestido de lindo gatito por Las Canteras repartiendo caramelos a los chiquillos va y lo multa la guardia urbana. Si usted es un cachondo, o no tanto, sólo extrovertido y con ganas de fiesta y de alegrarle el día a otro, sepa que se está saltando el acogotante artículo 28.9 del Reglamento Municipal de Costas y Playas, por relajoso, un artículo muy serio que según el comisario jefe, Javier Henríquez, deja bien claro que "no se puede realizar ninguna actividad en la vía pública sin autorización municipal".
Y punto. Bueno, punto seguido, porque tampoco tenía permiso de Sanidad -abunda el comisario en jefe Henríquez-, para repartir caramelos, que hay caramelos que se la traen en lata.
No debe ser el primer caso de niños que comieron caramelos ofrecidos por un peluche cerca de la costa que transformaron a los pequeños en malvados Piolines. Cuarto Milenio se está perdiendo un reportaje.
Pero vayamos al delito, que según la rígida concepción de lo cotidiano que sostiene el comisario jefe Henríquez se basa en la palabra actividad, que es la facultad de obrar, es decir, de hacer algo, y que probablemente figure en este siniestro artículo 28.9 con el ánimo de evitar actividades comerciales, deportivas, culturales y políticas a las que acude un gran número de personas sin un permiso previo, y por lo tanto sin la preceptiva seguridad que las fuerzas del orden están obligadas a garantizar.
De ahí a condenar cualquier ocurrencia individual por tonta que sea va un trecho que no sólo es largo, sino también algo peligroso y que es el de reglamentarlo absolutamente todo, con cada vez más normas estúpidas que cumplir y más agentes para que se cumplan. Lo paradójico es que se basa en preservarnos la integridad, que no nos choquen, que no nos roben y que no nos metan un vainazo, y resulta que para un alto por ciento de la población el único vainazo que se llevará en su vida es el del un guardia que te multa y te secuestra el humor por ir divirtiendo a los demás.
Estamos tan acostumbrados a la asepsia, al amulamiento y a hacernos fos unos a otros -a que nadie se salga fuera del plato- que cuando un agente observa a un señor que hace reír, a unos niños que corren con sus padres a sacarse una foto con el peluche gigante ¡y que encima da caramelos, el tío! no queda otra que despeluzarlo con el artículo 28.9 de Costas y Playas.
Corea del Norte es Walt Disney al lado de esto.



